miércoles, 8 de octubre de 2014

El arte de enseñar. Oda al educador.

Y comienzas desde el principio, pero nunca de cero. Desde pequeña el mundo me ha enseñado que nunca se deja de enseñar y mucho menos de aprender. Y aquí estoy, primer año de carrera, con mi dorsal puesto y la gente en sus marcas, ardiendo en deseos de seguir aprendiendo.
La docencia, ese campo tan amplio y delicado, ese área criticada y menospreciada por los más ignorantes.
Recuerdo con especial cariño aquella profe de cuando yo tenía cinco añitos. Aquella profe que educaba en valores a pequeñas personitas ataviadas con una bata rosa que apenas sabíamos qué había más allá del jardín de infancia.
Me viene a la mente también mi profe de lengua durante mi etapa en primaria. Un gran referente que siempre me apoyó y motivó para que yo diera lo mejor de mi. Él me enseñó a potenciar mi talento, a valorar mi esfuerzo y a no tirar la toalla.
Y así muchísimos más. Está ese monitor que sientes con especial cariño y cercanía, ese que te pregunta y te enseña con su escucha a escuchar. Está papá, explicándome de esa forma tan peculiar a no tener miedo a la oscuridad, está el amigo que nunca te abandona y que ser ríe contigo pero te enseña a estar presente cuando lo pasas mal.... Y asi infinitos ejemplos que conforman el índice de mi pasado y, en general, el de la mayor parte del mundo.
Porque todos tenemos a esa persona (s) a la que nos gustaría parecernos, porque ellos nos enseñan a querer ser mejores a todos los nieveles.
Y es que todos, de alguna manera u otra... Todos somos educadores e influimos en los que nos rodean. Por eso, esta entrada es una invitación a la reflexión, porque educar es una labor muy importante y no nos damos cuenta de que está en nuestras manos cambiar el mundo poco a poco.
Y ahora , sal afuera y mira el sol de cara, tú puedes brillar tanto o más que él. Está en tus manos ser luz para los demás.  

                   

Acabo con una frase de Rita Pierson, que dice así:
"Es difícil este trabajo, les apuesto a que sí. Pero no imposible. Nosotros podemos hacerlo, somos educadores, nacimos para marcar la diferencia".

Att: LadyWinter

lunes, 29 de septiembre de 2014

Telarañas

Querido, queridísmo lector:

Hola otra vez de nuevo. ¿Hacía cuantísimo tiempo que no hablábamos? Incontable.
Debo disculparme por ello. La última entrada tenía un título un tanto mustio y amargo, ésta simplemente es una transición a mi propósito de acudir a éste nuestro rincón más de vez en cuando. ¿Qué te parece?
A mi también, creo que es una gran idea.
Y dicho esto, me puedo despedir, porque esta entrada tan llena de palabras en realidad está bastante vacía. Sólo es una escoba alcanzando un techo lleno de telarañas polvorientas.


                                                                                               Hasta pronto: lady the winter

lunes, 14 de julio de 2014

triste

Ha vuelto. El temblor innecesario bajo la mesa. Mi pierna que obedece fiel a mi sistema nervioso. La impotencia.
Han vuelto. Las sonrisas vacías, los dolores de cabeza. Los espasmos.
Llevo demasiado tiempo reprimiendo sentimientos, demasiados días lejos de una consulta en la que descargar mi fragilidad y coger fuerzas.
No estoy preparada. Todavía no. Y créeme querido lector, quiero estar bien, recuperarme, dejar de llorar sin motivo, ser yo otra vez de nuevo. Sí, otra vez de nuevo, como antes, como siempre... lo hecho tanto de menos....


"Ojalá existiera una máquina del tiempo que me transportase a esos días cuando era pequeña y lo que más le preocupaba a esa niña de tres años era que le dijesen que no podía reírse tan alto."

sábado, 31 de mayo de 2014

Música y fragilidad

Me muero. Se mueren mis latidos y la sangre fluye lenta por mis venas, frágil, no dice nada. Susurra... Susurra locura y debilidad. El ser humano es débil. Débil y estúpido.

¿Y tú? Tú sigues tocando acordes, tal vez en tu cuarto, mientras la ciudad entera duerme. Y cantas, con dulzura, a la noche desierta.

Me muero. Se mueren las estrellas y los estériles sonidos del pasado. Sonidos ahogados, sin oxígeno. Sonidos apagados, enterrados en la memoria. Incoherencia y locura. Mis palabras destilan el perfume de esa fragilidad que nos hace imperfectos.

¿Y tú? Tú sigues sosteniendo la guitarra entre tus brazos. La amas, amas los recuerdos que te suspira al oído, amas cada nota, cada traste, cada parte de ese objeto capaz de crear  algo más, un sentimiento, un estado metafísico en el que tu alma descansa.

Te mueres. Te mueres de amor, y todo se queda encerrado en una canción que emana de tus labios. Lloras, tal vez porque no entiendes de qué va esto. Lloras, porque no sabes... No entiendes..... Lloras porque quieres y ríes convirtiendo ese instante en un completo absurdo. En el más rotundo de los sinsentidos. Te duermes.

¿Y yo? Yo me despierto en mitad de la noche. Sudando, con los ojos muy abiertos y las pulsaciones aceleradas. No puedo soportar la angustia que oprime mi pecho. No soy capaz de ignorar la constante oscuridad de mi cuarto. Mis pies descalzos hacen crujir la madera en el trayecto hasta el salón. Salgo a la terraza. Silencio. Tú duermes, tranquilo, en una nube de felicidad, de música, de acordes de guitarra. Yo pienso y me doy cuenta de que somos seres dependientes, condicionados, mortales,indefensos y frágiles.

Tú eres música..... Yo, fragilidad.


domingo, 4 de mayo de 2014

...que alguien adelante las agujas del despertador

Ya es mayo. Mayo, el mes de las flores y la primavera. Mayo, el mes de los exámenes finales.
Este año, por lo menos, será recordado por esto último: tardes y mañanas de sol ocultas en una habitación frente a un montón de libros. Una verdadera pesadilla.
¿Y quién puede negar que esto no sea más que un sueño? Los sueños, a veces, son muy vívidos. Sobre todo esos que crees que no puedes manejar hasta que tu subconsciente te manda un e-mail a la mente para decirte que te relajes, que nada de lo que estás sintiendo es real.
Yo todavía estoy esperando ese e-mail.
Aunque no creo que llegue.
Nietzsche diría que eso es de cobardes, que es propio de la persona débil, del que no es capaz de aceptar el sufrimiento y solo quiere el placer.
Maldito Nietzsche, tiene toda la razón. Si la vida fuera un eterno retorno tendríamos que amar cada instante, con sus momentos malos y con sus buenos, con sus fracasos y con sus éxitos.
Enfin, la teoría siempre es más bonita y más fácil en el papel.
Solo digo que si esto es una pesadilla, por favor que alguien adelante las agujas del despertador.