martes, 7 de junio de 2016

Filosofías de vida

1- El utópico: "Todo es posible"

2- El realista: "Las cosas son como son"

3- El  nihilista: "No pienses, busca"

4- El misántropo: "Os aborrezco"

5- El positivo: "Sigue intentándolo"

6- El melancólico: "No existe razón de mi existencia"

7- El anarquista: "Hago lo que quiero"

8- El prudente: "Hago lo que debo"

El ser humano: vivo y respeto tu vida.

miércoles, 1 de junio de 2016

La sandía sabe a verano y el verano a sandía

Es cierto, la sandía sabe a verano.
 Aunque puede que el calor también influya de forma significativa en el hecho de que, aunque vuelva la época de exámenes, todo a mi alrededor parezca acelerarse a esta etapa, sobrepasarla, ignorarla sin ningún remordimiento de conciencia.

La sandía sabe a verano...

Hay sandía en mi cocina y había sandía en la cafetería de derecho, y en la frutería de la calle que cruza con esa otra. Hay sandía por todas partes y se me hace la boca agua solo de pensar que la tengo tan cerca y todavía no puedo probarla.
Miento, hoy le he dado un pequeño mordisco a esa rodaja tan perfecta que estaba sobre el plato de la mesa de la cocina. Ha sido un capricho, como darle un beso al verano. Y ha sido sublime.

Traición a mi misma, con el sabor del verano en mi cuerpo mis hormonas se desajustan si es que mis emociones no estaban suficientemente alteradas ya de por sí. Ahora tendré que volver a encerrarme en el estudio, porque un sabor no es la esencia al completo de una cosa sino una de las múltiples propiedades que la describen.

El verano está cerca y sabe a sandía, pero aún no adivino su olor, aún no lo siento del todo. Serán los apuntes del examen de mañana, que se amontonan en mi escritorio y me privan de ir más allá.
"No tengas prisa, cierra los ojos y casi sin advertir su presencia ya estará aquí".


<<El sabor del verano>>

sábado, 28 de mayo de 2016

Mierda de contrabando

Mierda. Muchas de las cosas que escribo son mierda. Pero de la que cagas y te quedas bien a gusto.
Mierda cursi, mierda de adolescente, deshechos de decadencia que si accidentalmente pasan por tus ojos te provocan una gran náusea que nace de la primera de las células de tu cuerpo.
De vez en cuando me sucede esto: el ser crítico y pedante que llevo dentro me mira con las gafas de cerca y examina mis imperfecciones (de las cuales en otras ocasiones estoy orgullosa).
Incluso lo que escribo ahora me resulta vomitivo.
¿Por qué entonces publicarlo? La respuesta es simple: ¿y por qué no?
Los pensamientos son volátiles y se escapan. El lenguaje es parte del ser humano, una forma de concretar el mundo, de definirlo, de hacer que sea algo real y permanente o atemporal, infinito. Por eso el lenguaje no solo es oral, sino que tambien es gestual y aún más; escrito.
Por eso escribir, y por eso escribir aunque sea esta mierda.
He vuelto, con mis intermitencias de la vida, pero aquí estoy de nuevo, escribiendo. Todo el mundo debería hacerlo, al margen del idioma, es fundamental para activar la mente y al mismo tiempo relajarla y descargarla de todo lo que en ocasiones no somos capaces de decir.
No tienes por qué hablar. Tan sólo escribe. Escribe mierda, que huela muuuuuy mal. Escribe mierda que pase la frontera del pensamiento al papel.


 Mierda de contrabando.

lunes, 22 de febrero de 2016

Miel. Aquella era la última palabra del libro.
Y Marina la saboreó entre sus labios, dulce y amarga. Dulce como los finales empalagosos y románticos que terminan con un beso en los labios. Amarga como las cosas que se acaban, como la sensación de vacío que ahora sentía mientras sostenía aquella vieja edición de bolsillo entre sus manos.



Marina amaba leer, le fascinaba la inmensidad que se esconde tras las tapas de una novela: el hecho de crear una obra, de creer en una idea, de llegar a tocar un corazón en la distancia... había tantas cosas que le resultaba imposible enumerarlas todas.
Hay que decir que a Marina le brillaban los ojos con cualquier cosa. Se emocionaba con facilidad, tal vez porque era demasiado empática y el mundo le parecía un universo de pequeños detalles milimétricamente calculados que escapaban a su entendimiento.

Releer


Releerte es como dejar bailar mis dedos sobre un piano, improvisando la melodía que ya está escrita en nuestros labios.
Releer tus palabras y las mías, empaparme de delirios de pasado ahogados en bahías desconocidas.
Releo y gano y pierdo y siento. Siento como me golpean las palabras. Definiciones que como si fuésemos los indicados proporcionamos tiempo atrás sobre nosotros mismos.
Cojo el reloj de arena y lo estallo contra la pared. Me tranquiliza, la arena desaparece y se lleva las palabras. Las palabras pasadas, las presentes que se convertirán en pasado y las futuras que serán presente y estarán igual de condenadas al olvido, o el equivalente: la huella de haber sido estalladas contra la pared.