lunes, 22 de febrero de 2016

Miel. Aquella era la última palabra del libro.
Y Marina la saboreó entre sus labios, dulce y amarga. Dulce como los finales empalagosos y románticos que terminan con un beso en los labios. Amarga como las cosas que se acaban, como la sensación de vacío que ahora sentía mientras sostenía aquella vieja edición de bolsillo entre sus manos.



Marina amaba leer, le fascinaba la inmensidad que se esconde tras las tapas de una novela: el hecho de crear una obra, de creer en una idea, de llegar a tocar un corazón en la distancia... había tantas cosas que le resultaba imposible enumerarlas todas.
Hay que decir que a Marina le brillaban los ojos con cualquier cosa. Se emocionaba con facilidad, tal vez porque era demasiado empática y el mundo le parecía un universo de pequeños detalles milimétricamente calculados que escapaban a su entendimiento.

Releer


Releerte es como dejar bailar mis dedos sobre un piano, improvisando la melodía que ya está escrita en nuestros labios.
Releer tus palabras y las mías, empaparme de delirios de pasado ahogados en bahías desconocidas.
Releo y gano y pierdo y siento. Siento como me golpean las palabras. Definiciones que como si fuésemos los indicados proporcionamos tiempo atrás sobre nosotros mismos.
Cojo el reloj de arena y lo estallo contra la pared. Me tranquiliza, la arena desaparece y se lleva las palabras. Las palabras pasadas, las presentes que se convertirán en pasado y las futuras que serán presente y estarán igual de condenadas al olvido, o el equivalente: la huella de haber sido estalladas contra la pared.

lunes, 23 de noviembre de 2015

hojas con ojos

Es Otoño. No hay más que decir. Es marrón y ámbar y crujir de hojas que observan el frío mientras caen al suelo. Hojas con ojos.


                                                                                                                    Att: LadyWinter

martes, 3 de noviembre de 2015

PISO 12

Es algo platónico, efímero y pasajero en un vagón del metro.


 Dos jóvenes, guitarra en mano y con sus cuerdas vocales como instrumento principal llenan el mundo subterráneo con sus voces.


Me veo obligada a cerrar mi lectura, abrir mis ojos y  escribir como una vez más me vuelvo a enamorar de la vida gracias a la música.

Es domingo por la tarde y mis pulmones se ensanchan, llenándose con el oxígeno que les proporciona un "Pienso en aquella tarde" recortado que se ajusta al tiempo que duran dos paradas de metro.

Me bajo y sin embargo sigo subida a la simpatía de esos dos desconocidos hasta que la noche me arropa entre sus sábanas.

                                                                                                  ATT: LadyWinter

lunes, 2 de noviembre de 2015

Se desvanecía implorando un descanso, amando la vida

No quería la compasión de nadie, solo un poco de comprensión. Comprensión de los demás y de ella misma, entender el por qué de esos violentos movimientos que hacían bailar su cuerpo como si de una marioneta se tratase. No era insidia, sino una profunda tristeza que llenaba de golpe su pecho y su mente, eclipsando cualquier buen recuerdo que hubiera podido crearse en las horas anteriores de su vida. Fragilidad, frustración, ira. Sentía un cúmulo de contradicciones tan intensas que apenas era capaz de discernir en qué momento era realmente ella misma. Pensaba... pensaba y se desvanecía. Qué clase de monstruo había en su interior, qué parásito se alimentaba de los cambios tan bruscos de humor que padecía... no había respuestas que calmaran su incertidumbre. Y fuera el mundo se burlaba, indagaba, inventaba y creaba teorías; posibles explicaciones, argumentos que para ellos constituían deidades ante las que rendir culto: opiniones que a su juicio estaban fuera del alcance de toda objetividad puesto que nadie salvo ella sabía lo que ocurría realmente (y ni siquiera ella lo sabía). Y quedaba muda, no pudiendo expresar lo que ocurría dentro de su cabeza.
La psique había tomado forma y color y mantenía conversaciones estúpidas dentro de sí: este mundo no es el adecuado, o tal vez no es el justo, no está hecho para una mente tan rota. La misma mente que en ocasiones la dejaba respirar tranquila y disfrutar de cada detalle, ser plenamente un ser único enamorado de la vida. A veces podía vislumbrar la cara sonriente del tiempo, de las cosas, de las personas, de ella. Eran los momentos felices: esa es la parte que a ella más le gustaba, pues era capaz de desmenuzar cada segundo, aprovecharlo, exprimirlo... hacerlo inmortal. 
Pero. Siempre existen los "peros" y aquí es donde entran las burlas. Pero: eres derrotista, negativa, siempre ves el lado malo.... no. Ese siempre no es verdad. 
No lo aguantaba, así que se fue a dormir, esperando que cuando volviera a abrir los ojos los espasmos hubieran desaparecido y solo se pudieran crear momentos felices. 



                                                                                                                    ATT: LadyWinter