Mierda. Muchas de las cosas que escribo son mierda. Pero de la que cagas y te quedas bien a gusto.
Mierda cursi, mierda de adolescente, deshechos de decadencia que si accidentalmente pasan por tus ojos te provocan una gran náusea que nace de la primera de las células de tu cuerpo.
De vez en cuando me sucede esto: el ser crítico y pedante que llevo dentro me mira con las gafas de cerca y examina mis imperfecciones (de las cuales en otras ocasiones estoy orgullosa).
Incluso lo que escribo ahora me resulta vomitivo.
¿Por qué entonces publicarlo? La respuesta es simple: ¿y por qué no?
Los pensamientos son volátiles y se escapan. El lenguaje es parte del ser humano, una forma de concretar el mundo, de definirlo, de hacer que sea algo real y permanente o atemporal, infinito. Por eso el lenguaje no solo es oral, sino que tambien es gestual y aún más; escrito.
Por eso escribir, y por eso escribir aunque sea esta mierda.
He vuelto, con mis intermitencias de la vida, pero aquí estoy de nuevo, escribiendo. Todo el mundo debería hacerlo, al margen del idioma, es fundamental para activar la mente y al mismo tiempo relajarla y descargarla de todo lo que en ocasiones no somos capaces de decir.
No tienes por qué hablar. Tan sólo escribe. Escribe mierda, que huela muuuuuy mal. Escribe mierda que pase la frontera del pensamiento al papel.
Mierda de contrabando.
sábado, 28 de mayo de 2016
lunes, 22 de febrero de 2016
Miel. Aquella era la última palabra del libro.
Y Marina la saboreó entre sus labios, dulce y amarga. Dulce como los finales empalagosos y románticos que terminan con un beso en los labios. Amarga como las cosas que se acaban, como la sensación de vacío que ahora sentía mientras sostenía aquella vieja edición de bolsillo entre sus manos.
Marina amaba leer, le fascinaba la inmensidad que se esconde tras las tapas de una novela: el hecho de crear una obra, de creer en una idea, de llegar a tocar un corazón en la distancia... había tantas cosas que le resultaba imposible enumerarlas todas.
Hay que decir que a Marina le brillaban los ojos con cualquier cosa. Se emocionaba con facilidad, tal vez porque era demasiado empática y el mundo le parecía un universo de pequeños detalles milimétricamente calculados que escapaban a su entendimiento.
Marina amaba leer, le fascinaba la inmensidad que se esconde tras las tapas de una novela: el hecho de crear una obra, de creer en una idea, de llegar a tocar un corazón en la distancia... había tantas cosas que le resultaba imposible enumerarlas todas.
Hay que decir que a Marina le brillaban los ojos con cualquier cosa. Se emocionaba con facilidad, tal vez porque era demasiado empática y el mundo le parecía un universo de pequeños detalles milimétricamente calculados que escapaban a su entendimiento.
Releer
Releerte es como dejar bailar mis dedos sobre un piano, improvisando la melodía que ya está escrita en nuestros labios.
Releer tus palabras y las mías, empaparme de delirios de pasado ahogados en bahías desconocidas.
Releo y gano y pierdo y siento. Siento como me golpean las palabras. Definiciones que como si fuésemos los indicados proporcionamos tiempo atrás sobre nosotros mismos.
Cojo el reloj de arena y lo estallo contra la pared. Me tranquiliza, la arena desaparece y se lleva las palabras. Las palabras pasadas, las presentes que se convertirán en pasado y las futuras que serán presente y estarán igual de condenadas al olvido, o el equivalente: la huella de haber sido estalladas contra la pared.
lunes, 23 de noviembre de 2015
hojas con ojos
Es Otoño. No hay más que decir. Es marrón y ámbar y crujir de hojas que observan el frío mientras caen al suelo. Hojas con ojos.
Att: LadyWinter
Att: LadyWinter
martes, 3 de noviembre de 2015
PISO 12
Es algo platónico, efímero y pasajero en un vagón del metro.
Dos jóvenes, guitarra en mano y con sus cuerdas vocales como instrumento principal llenan el mundo subterráneo con sus voces.
Me veo obligada a cerrar mi lectura, abrir mis ojos y escribir como una vez más me vuelvo a enamorar de la vida gracias a la música.
Es domingo por la tarde y mis pulmones se ensanchan, llenándose con el oxígeno que les proporciona un "Pienso en aquella tarde" recortado que se ajusta al tiempo que duran dos paradas de metro.
Me bajo y sin embargo sigo subida a la simpatía de esos dos desconocidos hasta que la noche me arropa entre sus sábanas.
ATT: LadyWinter
Es domingo por la tarde y mis pulmones se ensanchan, llenándose con el oxígeno que les proporciona un "Pienso en aquella tarde" recortado que se ajusta al tiempo que duran dos paradas de metro.
Me bajo y sin embargo sigo subida a la simpatía de esos dos desconocidos hasta que la noche me arropa entre sus sábanas.
ATT: LadyWinter
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