domingo, 18 de marzo de 2018

Bajar, subir, quedarse

Yo bajo. Yo subo. Yo me quedo.

Aprieto el botón del ascensor que lleva al inframundo de mis entrañas y caigo en picado. Mi corazón deja de palpitar unos instantes, escuchando como el silencio roza mi cuerpo desnudo. Tengo frío. 
Estoy quieta, en apariencia. La realidad es otra. Me tomo una pastilla que se supone decelerará esta sensación de fragilidad, que se supone me sumirá en una tranquilidad real y consciente. 
Bebo agua. Bebo hasta que mis labios adquieren una textura húmeda y tierna, e imagino que se derriten y me quedo muda. Los muerdo. Mis labios poseen todo el lenguaje que resume mi colección de palabras. El léxico que me compone y me descompone, sin el que sería tan sólo un ser vulgar destinado a cubrir sus necesidades básicas y sin noción del tiempo. 

No quiero hablar, mi pensamiento es más puro. Más que este texto, más que lo que jamás llegaré a decir. Nunca. No quiero que salga de mí, lo tengo encerrado bajo llave y es mío. Y yo soy Caronte y el Can Cerbero, soy Hades y el fuego eterno del infierno. 

No tienes que temerme, me importas tanto como la mierda que defeco cada mañana cuando me libero de la suciedad del día previo, el que ya se ha ido, el que se ha perdido en el olvido y en el recuerdo (que se olvidará). Me purifico con una barra de incienso. El aroma me impregna y las cenizas caen al suelo. Estoy con un pie en el mundo de los vivos, el otro extremo de mi ser habita el de los muertos. Camino por este último, vagando sin rumbo, sin destino, sola y conmigo, sin mí, sin nadie. Vacía, llena de vacío, desbordándose el alma  por los poros de mi piel. Muto. Soy un cuerpo, no soy absolutamente nada. Soy la que calla, la que escucha y observa la putrefacción propia en el espejo y comprende que es una parte insignificante en la desintegración de este mundo.


sábado, 14 de octubre de 2017

Energías...

La llama no existe, pero tampoco se extingue. Insiste y entre caricias camela mis piernas, subiendo mientras suspira vapor ardiendo, vagando a lo largo y ancho de mis extremidades. No la detengo.
Las energías fluyen por la Madre Tierra, y al permanecer en eterno contacto con ella también nos acompañan, abrazan nuestro cuerpo, la cárcel del alma. 

Buenas noches, descansa. El dolor es solo un signo de realidad, otra de esas energías pasajeras de la mente, de las que pesan en la balanza. Mañana será otro día diferente, como lo son los segundos y las horas y como no hay nada que escape al inmanente paso del tiempo. De frente y sin sabor en los labios, sin aire apenas en la garganta, con ánimo de empezar lo que no ha llegado a ser, me paro y sonrío a la noche, esa dama blanca que nunca me engaña.

Buenas noches, por última vez. Te quiero. Descansa.

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jueves, 26 de enero de 2017

Esencias...

Agudizo mis sentidos y mastico más suavemente el trozo de galleta. Lleva chocolate blanco y negro por dentro. Trago y, hasta que no estoy segura de que mi paladar ha guardado la esencia del sabor, no doy otro bocado.
Mordería mis palabras si eso hiciera que cambiasen y tomasen otra forma, otro sabor. En el mundo hay grandes poetas, dramaturgos, artistas...  y luego estoy yo, en mi habitación, comiendo galletas, exigiéndome a mi misma escribir unas líneas para no perder la costumbre. "Costumbre". Casisin pretenderlo, consigo que la palabra retumbe y haga eco en mi mente como si fuera un chirrido agudo y molesto. Antes no era costumbre. Un día realmente creí que esto era fácil y bonito, que además se me daba bien.
Ahora no quedan galletas, sólo pañuelos llenos de mocos en la papelera. Estoy enferma. El virus que contraigo desde hace unos días (aunque puede que lleve incubándose meses) me ha retenido y me retiene todavía en alguna parte lejos y ausente de mi faceta creativa.¿Dónde está mi esencia? Y cierro los ojos tratando de saborear de nuevo el chocolate deshecho en mi paladar.
Resultado de imagen para galletas 

jueves, 15 de diciembre de 2016

Vómito

Estrés y tentaciones de dormir hasta que se acaben estas dos semanas. Pero no, la tensión de última hora no se va, y no se irá hasta que venga ella desde la otra punta del globo terráqueo. Incluso cuando ella llegue todavía faltarán 24 horas de preocupación y cuando parezca que todo ha acabado seguirá esa sensación unas horas más. Siempre sucede que tras la guerra los soldados siguen en estado de alerta, porque los finales de este tipo no se cierran tan rápido como un libro.
Hablando todos los días de estilos de aprendizaje, de estilos cognitivos, de  aprendizaje significativo... para luego vomitarlo todo en el mismo folio que te llevan entregando desde que tenías seis años: completa, tacha, marca la opción correcta, verdadero o falso, respuesta corta, respuesta de desarrollar...
¿Hay alguna forma de ser un poco más incoherentes entre contenido y forma de evaluarlo?


Resultado de imagen de examenes finales

sábado, 10 de diciembre de 2016

separa, se para el tiempo.

Se oían platos rotos después de romperse
Se oían gritos, como aullidos, después de gritarse
Se escuchaban parpadeos culpables en cada mirada
Se iban difuminando sus siluetas con cada trazo que daba.

El pintor guarda silencio. Le llega la hora al panadero:

Amasa con sus robustas manos los panecillos
Se vuelve loco inhalando la harina recién horneada
Le da formas fantásticas y fantasiosas (que surgen de la nada)
Que surgen de sus robustas manos que amasan.

El panadero vuelve a casa. Le llega la hora al juguetero:

Despierta a las campanillas del puesto verde de la esquina de al lado.
El juguetero aguarda a los niños, y a sus tierna risas .
Y, sin prisa, prepara los tarros donde cada día guarda
la inocencia de los infantes que se pierden en su tienda.

El juguetero sale a mirar las estrellas. Le llega la hora al funambulista:

Soporta el peso de la cuerda bajo sus pies,
mientras se concentra en olvidar ... que hay una opción de caer al vacío.
Se repite a sí mismo que no hay público esta noche que, 
bajo la anodina carpa de Circo sólo cabe él. 

Describe curvas en la arena. Le llega el turno a la muerte.

Ella es minúscula, no tiene nombre propio,
Tal vez ese sea el misterio, y no el hecho de que le falte rostro.
Siempre nace, en pequeñas cosas de todos los días.
Siempre muere, como en este folio, es el punto tras el que no queda absolutamente nada. 


La muerte se aleja de la escritora y de la escritura. Le llega el turno al lector.