sábado, 14 de octubre de 2017

Energías...

La llama no existe, pero tampoco se extingue. Insiste y entre caricias camela mis piernas, subiendo mientras suspira vapor ardiendo, vagando a lo largo y ancho de mis extremidades. No la detengo.
Las energías fluyen por la Madre Tierra, y al permanecer en eterno contacto con ella también nos acompañan, abrazan nuestro cuerpo, la cárcel del alma. 

Buenas noches, descansa. El dolor es solo un signo de realidad, otra de esas energías pasajeras de la mente, de las que pesan en la balanza. Mañana será otro día diferente, como lo son los segundos y las horas y como no hay nada que escape al inmanente paso del tiempo. De frente y sin sabor en los labios, sin aire apenas en la garganta, con ánimo de empezar lo que no ha llegado a ser, me paro y sonrío a la noche, esa dama blanca que nunca me engaña.

Buenas noches, por última vez. Te quiero. Descansa.

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jueves, 26 de enero de 2017

Esencias...

Agudizo mis sentidos y mastico más suavemente el trozo de galleta. Lleva chocolate blanco y negro por dentro. Trago y, hasta que no estoy segura de que mi paladar ha guardado la esencia del sabor, no doy otro bocado.
Mordería mis palabras si eso hiciera que cambiasen y tomasen otra forma, otro sabor. En el mundo hay grandes poetas, dramaturgos, artistas...  y luego estoy yo, en mi habitación, comiendo galletas, exigiéndome a mi misma escribir unas líneas para no perder la costumbre. "Costumbre". Casisin pretenderlo, consigo que la palabra retumbe y haga eco en mi mente como si fuera un chirrido agudo y molesto. Antes no era costumbre. Un día realmente creí que esto era fácil y bonito, que además se me daba bien.
Ahora no quedan galletas, sólo pañuelos llenos de mocos en la papelera. Estoy enferma. El virus que contraigo desde hace unos días (aunque puede que lleve incubándose meses) me ha retenido y me retiene todavía en alguna parte lejos y ausente de mi faceta creativa.¿Dónde está mi esencia? Y cierro los ojos tratando de saborear de nuevo el chocolate deshecho en mi paladar.
Resultado de imagen para galletas 

jueves, 15 de diciembre de 2016

Vómito

Estrés y tentaciones de dormir hasta que se acaben estas dos semanas. Pero no, la tensión de última hora no se va, y no se irá hasta que venga ella desde la otra punta del globo terráqueo. Incluso cuando ella llegue todavía faltarán 24 horas de preocupación y cuando parezca que todo ha acabado seguirá esa sensación unas horas más. Siempre sucede que tras la guerra los soldados siguen en estado de alerta, porque los finales de este tipo no se cierran tan rápido como un libro.
Hablando todos los días de estilos de aprendizaje, de estilos cognitivos, de  aprendizaje significativo... para luego vomitarlo todo en el mismo folio que te llevan entregando desde que tenías seis años: completa, tacha, marca la opción correcta, verdadero o falso, respuesta corta, respuesta de desarrollar...
¿Hay alguna forma de ser un poco más incoherentes entre contenido y forma de evaluarlo?


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sábado, 10 de diciembre de 2016

separa, se para el tiempo.

Se oían platos rotos después de romperse
Se oían gritos, como aullidos, después de gritarse
Se escuchaban parpadeos culpables en cada mirada
Se iban difuminando sus siluetas con cada trazo que daba.

El pintor guarda silencio. Le llega la hora al panadero:

Amasa con sus robustas manos los panecillos
Se vuelve loco inhalando la harina recién horneada
Le da formas fantásticas y fantasiosas (que surgen de la nada)
Que surgen de sus robustas manos que amasan.

El panadero vuelve a casa. Le llega la hora al juguetero:

Despierta a las campanillas del puesto verde de la esquina de al lado.
El juguetero aguarda a los niños, y a sus tierna risas .
Y, sin prisa, prepara los tarros donde cada día guarda
la inocencia de los infantes que se pierden en su tienda.

El juguetero sale a mirar las estrellas. Le llega la hora al funambulista:

Soporta el peso de la cuerda bajo sus pies,
mientras se concentra en olvidar ... que hay una opción de caer al vacío.
Se repite a sí mismo que no hay público esta noche que, 
bajo la anodina carpa de Circo sólo cabe él. 

Describe curvas en la arena. Le llega el turno a la muerte.

Ella es minúscula, no tiene nombre propio,
Tal vez ese sea el misterio, y no el hecho de que le falte rostro.
Siempre nace, en pequeñas cosas de todos los días.
Siempre muere, como en este folio, es el punto tras el que no queda absolutamente nada. 


La muerte se aleja de la escritora y de la escritura. Le llega el turno al lector.

jueves, 24 de noviembre de 2016

No me imites

No me pises los pasos ni me beses los besos.
No me hables de pasado, no recuerdes mis recuerdos.
No repitas mis palabras, no te hundas en mis huecos.
No te ahogues en mis ojos... no me imites.

No pierdas la cabeza, no rebusques en mi mente.
No quieras destapar lo que guardo bajo llave.
No dibujes más sonrisas donde tendría que haber silencio.
No hagas nada que yo haría... no me imites.

No pienses si tiene sentido, no releas estos versos.
No busques formas entre las nubes, no te sientas pequeño.
No te despiertes temblando, a causa de un mal sueño.
No pases los días raros... no me imites.

No hagas galletas con esencia de vainilla, no pienses en los demás ni en lo de más allá, no salgas a la lluvia sin paraguas, no escribas lo que piensas, no digas en voz alta que quieres hacer, no seas curioso ni leas libros, ni juegues ni cantes.

No me imites porque si lo haces,
Me perderé en mi nombre
sin voz, sin música.
Entre ruinas.